Sábado 29 de marzo 15.00 a 18.00 horas, desde la Plaza Brasil. Escúchelo en 1300 AM. O por internet, en http://www.radiotierra.cl/


Los elefantes tienen una memoria prodigiosa, pueden memorizar centenares de sonidos y olores entre ellos de manera muy especial los de su tribu. También pueden reconstruir mentalmente un mapa de los lugares visitados y de las distancias recorridas por su familia. Los elefantes no olvidan a los suyos e incluso hay estudios que demuestran que llevan luto por los ausentes. Pero se dice también que no sólo son capaces de almacenar recuerdos, si no que también de resignificarlos permanentemente.
Sábado 29 de marzo 15.00 a 18.00 horas, desde la Plaza Brasil. Escúchelo en 1300 AM. O por internet, en http://www.radiotierra.cl/


Los elefantes tienen una memoria prodigiosa, pueden memorizar centenares de sonidos y olores entre ellos y de manera muy especial, los de su tribu. También pueden reconstruir mentalmente un mapa de los lugares visitados y de las distancias recorridas por su familia. Los elefantes no olvidan a los suyos e incluso hay estudios que demuestran que llevan luto por los ausentes. Pero se dice también que no sólo son capaces de almacenar recuerdos, si no que también de resignificarlos permanentemente.Estos elefantes no quieren que la vorágine de la ciudad les prive del recuerdo. Buscan retransmitir su memoria, dar continuidad a su relato, para que este lugar siga enunciando el recuerdo como un regalo a las nuevas generaciones, para convocar a la vida, la verdad y la justicia.Estas ideas fueron las que nos motivaron hace un año a convocar masivamente a recordar la vida, el secuestro y posterior asesinato de José Manuel Parada, Manuel Guerrero y Santiago Nattino, ocurrido el 29 de marzo de 1985, en el ex frontis del Colegio Latinoamericano de Integración, en una jornada cultural de seis horas de duración en El Vergel con Los Leones, en la comuna de Providencia, al que asistieron mil personas –niños, jóvenes, adultos y gente mayor- amenizados por diversos artistas invitados, stands, bibliobus y actividades recreativas. La consigna, "Con Memoria y alegría, adelante por la vida" resumía el espíritu de aquel evento. La invitación era a conmemorar, desde el presente, los proyectos de una generación que luchó por la democracia y una sociedad más justa y amable, para compartirlo con los más jóvenes y con quienes portan la memoria y desean abrirla a los demás en un acto de amor y creatividad sin exclusiones. Una mirada al pasado para construir el futuro.
Este año queremos repetir y ampliar la experiencia. Queremos llevar la memoria al corazón de la ciudad y la ciudad al corazón de la memoria. La invitación es a ser parte de una jornada artística el día sábado 29 de marzo desde las 11 a las 21 horas, en dos lugares de Santiago.
· PLAZA BRASIL
La memoria en el corazón de la ciudad: Llevaremos el recuerdo al centro de Santiago, para llenar la memoria de nuevas miradas. Acto artístico- cultural, reunirá música, literatura y actividades para niños. Se llevará a cabo en Plaza Brasil en la Comuna de Santiago Centro a partir de las 13 y hasta las 17 horas.
Luego nos trasladamos en MicroMemorias al ex frontis del Colegio Latinoamericano de Integración.
· EX FRONTIS COLEGIO LATINOAMERICANO (Los Leones con El Vergel)
En el corazón de la memoria: Acto artístico cultural en El Vergel con Av. Los Leones desde las 18:00 horas. En este lugar, donde fueron secuestrados los Manueles presentaremos el proyecto de memorial en su homenaje, y la propuesta de declaratoria de sitio histórico de la esquina donde se les vio vivos por última vez.
El día terminará con una velatón por la memoria, aproximadamente a las 20 horas.
Esta actividad pretende llevar a la ciudadanía toda, muy especialmente a las nuevas generaciones, el recuerdo de la injusticia, pero también del aporte de seres humanos que entregaron todo por un mundo mejor. En este homenaje cabemos todos y todas, y lo haremos no desde la tristeza de la pérdida, sino desde la inspiración que nos genera el recuerdo de los Manueles y don Santiago para continuar, con esperanza, alegría y creatividad, dando ahora nuestro aporte por una sociedad más justa, equitativa y feliz. Solo así creemos que la vida le habrá ganado al exterminio.
LOS ESPERAMOS A TODAS/TODOS
Si quieres contactarte con nosotros, escríbenos a ciudadelefante@gmail.com
O navega en http://ciudadelefante.blogspot.com
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Jueves 27 de Marzo de 2008
18:01
El Mercurio Online


(EXTRACTO DISCURSO MANUEL GUERRERO ANTEQUERA) 29 marzo 2006

Juan José Parada tenía sólo seis años, pero recuerda perfectamente el día en que su familia estalló en mil pedazos y su vida quedó marcada por el miedo y la tenebrosa cercanía de la muerte.
Hace 23 años, un día 29 de marzo a las 8:35 de la mañana, llegaba al colegio, como todos los días, y vi a mi a papá recibiendo a los niños, pues era el inspector del colegio. Conversaba con José Manuel Parada, sociólogo de la Vicaría de Solidaridad, antiguo camarada de la época de la Jota, y apoderado del colegio. Llegué y nos saludamos de beso. Me llevó un momento a un lado y me contó que habían secuestrado a un grupo de profesores de su asociación gremial, la AGECH, de la cual era dirigente, y que los aprehensores habían preguntado por él. Me quedé atónito mirándolo. Tenía catorce años pero eso ya era edad suficiente como para tener la lógica mínima de que si te buscan, estábamos en pleno estado de sitio, escóndete, ándate del país, qué haces aquí a las puertas de este colegio, a plena luz del día, te van tomar!!!! Se lo planteé, y él, muy pausado y mirando con una ternura infinita a los ojos, me tomó las manos y me dijo que no, que éste era su trabajo, éste era su país, que él ya se había ido una vez y no lo volvería a hacer, que su lugar era junto al pueblo y su lucha para terminar con la dictadura. Le di un beso y me fui a clases. Mi sala daba las espaldas a la calle. A las 8:50, oímos un helicóptero descender casi al techo del colegio. Nos miramos todos extrañados. Luego un freno de un auto, griterío de voces masculinas que denotaban forcejeo, un balazo y silencio. Tomé el brazo del compañero de banco y le dije: "mi papá". Él me miró sorprendido, pero preocupado a la vez. Fui muy categórico. Inmediatamente entra Carmen Leiva a la sala, que era miembro del Centro de Alumnos, con los ojos en lágrima y tirándose los dedos de las manos. Le pedía permiso al profesor para hablar con Manuel Guerrero. Yo me paré de inmediato y le dije: " se llevaron a mi papá". Asintió con la cabeza y se puso llorar. Salí de la sala y me fui directo al baño. Me hablé a mi mismo preguntándome qué haría papá en una situación como ésta. Salí corriendo a inspectoría, pedí el teléfono y llamé a Sergio Campos, amigo de mi padre, que era locutor de Radio Cooperativa, muy escuchado en Chile. Me puso al aire y denuncié que sujetos desconocidos, probablemente de la CNI, habían secuestrado a mi padre junto a José Manuel Parada, y que temía por sus vidas. Llamé a que la ciudadanía se movilizara de inmediato para exigir a las autoridades su búsqueda y liberación. Salí de inspectoría y fui a la calle a ver qué es lo que había sucedido exactamente. Había una confusión enorme en el colegio. Cuando se los llevaron había un curso completo que en ese momento estaba en clases de educación física y se econtraba trotando alrededor de la manzana. Muchos de ellos vieron el plagio. Ahí me enteré que el tránsito había sido interrumpido, minutos antes del rapto, por Carabineros, motorizados y a pie, y que se reanudó apenas se habían llevado a mi padre con José Manuel. Que el helicóptero también era de Carabineros de Chile. Que al tío Leo lo habían baleado y que un profe se lo había llevado a la clínica. Que Marcela, una compañera de segundo medio del colegio, intentó quitárles a los raptores a mi padre, que alcanzó a tomarle la mano, pero los otros era más fuertes. Que el Pelluco, uno de los dueños del colegio fue encañonado y amenazado, por lo que él, pálido, probablemente para proteger a los niños, cerró la reja del colegio, dejando a mi padre y José Manuel peleando solos con sus raptores en la calle, y que ahí llegó corriendo el Leo, que casi recupera a mi padre que no paraba de gritar, son de la CNI!, ayuda!, nos quieren secuestrar!Me paré en la calle y me bajó la sensación que todo esto ya lo había vivido. Le pedí a Cristóbal, un compañero y amigo de la Jota del colegio, que me sacara de ahí, que yo tenía un papel que cumplir, que no podía pasarme nada. Cuando nos fuimos a casa de Cristóbal había llegado la policía de investigaciones de Chile junto a Carabineros para preguntar qué había pasado... Me irritó el cinismo de nuestras instituciones de Orden y Seguridad y traté de pensar a qué lugar se llevaban a papá en ese momento...En casa de Cristóbal conversamos qué podíamos hacer. Era todo confuso, me faltaban elementos, papá sabía lo que estaba ocurriendo, en qué debía fijarme y acordarme para entender con qué y quiénes estábamos tratando... Yo mismo no tenía clara cuál era la función de papá en el Partido, conocía su labor de dirigente público, pero debía haber algo más, pues sino porqué tanto recurso del Estado comprometido para tomarlo... Me faltó edad, experiencia, y claro, papá realizaba una actividad con mucho sigilo que solo con el tiempo pude ir reconfigurando. Ahí estaba la verdadera clave de su secuestro y posterior degollamiento. Su caso fue utilizado para atormentar a toda la sociedad, de ello no cabe ninguna duda. Pero no era solo eso, había un odio particular hacia él, desde el año mismo año 76 ...A fines de 1984, la peridiodista Mónica González de la revista Cauce, de oposición al régimen, había sido contactada por Andrés Valenzuela, alias "El Papudo", ex agente del Comando Conjunto, quien se encontraba sometido a profundos remordimientos por sus acciones pasadas y valientemente dio el paso a contar su verdad, a riesgo de que se supiera y fuera ultimado por sus propios ex colegas. Mónica González se juntó con él y no podía dar crédito a todo lo que este hombre le relataba: detalles de las detenciones, torturas, ejecuciones y lugares donde habrían dejado los restos de muchos detenidos desaparecidos durante el año 1976, el mismo año en que el Comando Conjunto había tenido detenido desaparecido a mi padre. La periodista dándose cuenta de que se trataba de información extremadamente delicada, antes de su publicación decidió validar la misma, para lo cual contactó a José Manuel Parada, que a la sazón era el encargado de Documentación y Archivos de la Vicaría de la Solidaridad. En Chile habían muy pocas personas que como él manejaban casi toda la información acerca de los aparatos represivos, pues le llegaban a diario los testimonios de los luchadores sociales y sus familiares que habían sido apresados. José Manuel, al conocer el carácter de la información y antes de entrar en su detalle, le sugirió a la periodista que había una persona, la única persona en realidad, que contaba con toda su confianza y que podía triangular su propia experiencia de detención en manos del Comando Conjunto y lo que indicaba Valenzuela: mi padre. Con la venia de Mónica González, los tres se pusieron a analizar las largas horas de grabación del testimonio y mi padre con José Manuel no podían creer a lo que estaban accediendo: la estructura completa del Comando Conjunto, sus acciones, las fechas de detención de los militantes comunistas detenidos desaparecidos, los sitios en que fueron ultimados, los nombres y alias de los agentes de las distintas ramas de las fuerzas armadas y de civiles que participaban en el Comando. Mi padre, absolutamente impresionado, iba confirmando una a una las informaciones. Estaban frente a una maravilla de información para aclarar muchos casos de violaciones a los derechos humanos, pero al mismo tiempo se dieron cuenta que sus vidas, como la del ex agente, corrían peligro. Por ello decidieron que la información se publicaría cuando Andrés Valenzuela estuviera a salvo fuera del país y cuando ellos mismos hubieran alcanzado a tomar las medidas de seguridad que evitaran su inminente captura. La decisión era presentar toda la información a los Tribunales de Justicia para que investigaran los hechos... Los agentes del Comando Conjunto, ahora agrupados en un departamento de la Dirección de Comunicaciones de Carabineros, con domicilio en calle Dieciocho, en el mismo local de la "Firma", se pusieron en alerta y decidieron cortar literalmente el problema por la raíz: eliminar a José Manuel y mi padre. Y a eso fue a lo que se abocaron el 29 de marzo de 1985, el día que le dí el último beso a mi papá...